
Acacia longifolia
Clima mediterráneo templado. En CDMX prospera sin dificultad y florece en enero-febrero, cuando casi nada más está en flor. Tolera heladas ligeras de hasta -5°C establecida; las de -8°C dañan ramas jóvenes pero rebrota.
Mantener la temperatura dentro de esta banda es lo que la hace prosperar.
Sol pleno
Seco
Porte arbustiva de 500 × 400 cm. Crecimiento leñosa lenta; exterior sol directo.
Sol pleno. En sombra se abre y casi no florece.
Riego cada 10-15 días el primer año seco para que arraigue; después se sostiene con la lluvia de temporada en CDMX. Suspender en julio-septiembre.
Ambiente seco sin problema. Muy resistente al viento y a la salinidad.
De 0 a 32°C. Tolera heladas ligeras establecida; florece en enero-febrero.
Suelo pobre, arenoso o pedregoso que drene. Se adapta hasta a tepetate.
Poda de contención inmediatamente después de la floración de invierno, cortando también las vainas antes de que maduren para limitar la resiembra. Rebrota bien de poda severa, así que se puede mantener como seto de 2 m si se recorta cada año.
No se fertiliza nunca. El fósforo en exceso es tóxico para esta especie.
No requiere fertilización. Su propia fijación de nitrógeno la sostiene incluso en suelo estéril.
ADVERTENCIA OPERATIVA: especie australiana con historial invasor documentado en Sudáfrica, Portugal, España, Brasil y Chile. Produce enormes cantidades de semilla de larga viabilidad en el suelo y rebrota de raíz. No plantarla en predios colindantes con barrancas o suelo de conservación del sur de la CDMX, y retirar las vainas antes de que suelten semilla. Fuera de eso es un arbusto rústico, de floración invernal llamativa y útil como cortina rompeviento en suelos pobres.
Semilla escarificada con agua caliente 12-24 h, de germinación rápida (1-2 semanas) y muy alta. También prende por esqueje semileñoso de verano con enraizante. La semilla permanece viable en el suelo durante años y germina en masa después de un disturbio, lo que explica su capacidad invasora.
Fija nitrógeno y enriquece el suelo donde se establece, lo que suena bien pero es parte del problema: altera la química del sitio y favorece su propia expansión sobre la flora nativa. Tolera salinidad y suelos pobres; solo exige que drene.